Nos enamoramos lo que hemos vivido con esa persona, que cuando acaba desconocemos que teníamos una vida antes de él y creemos que será el final de todo. Permanecemos con el corazón hecho trizas y sin ganas de acumular las piezas que resultaron de esto. Creemos que después de esa gran decepción que nos ha marcado para siempre, hemos quedado imposibilitadas para volver a amar y nos equivocamos. Y es natural y totalmente lógico sentirnos así, alguien importante se ha ido de nuestras vidas y se ha llevado una parte de nosotras, nos creemos vacías y pretendemos que nada ni nadie llenara nunca ese vacío.
Sí, el primer amor es magnífico, vivo, inmemorial, pero no lo es todo. Es sólo un pequeño capítulo de nuestra vida y no logramos continuar para siempre suspirando por él. Hemos de entender que a lo largo de nuestro andar por la vida por el mundo, llegarán a nosotros personas que sólo tienen la misión de enseñarnos ciertas cosas, una vez cumplida esa misión se irán. Y entonces llegará alguien más para sellar nuestra vida de una manera diferente, para escribir historias, para vivir hechos y experiencias nuevas, para enseñarnos, para comprender que las cosas se transforman y que al final, el amor nunca muere, simplemente cambia.