viernes, 15 de mayo de 2020

ENFOQUE SOCIOLÓGICO DEL SUICIDIO: ESTUDIANTE SE SUICIDA AL NO PASAR PRUEBAS “SER BACHILLER”

Como fenómeno social, el suicidio tiene una complejidad enorme cuando se trata de explicarlo, ya que se considera que no puede ser analizado solamente como un fenómeno personal o interpersonal, o, mejor dicho, como un micro fenómeno, sino también como un fenómeno socioeconómico y sociocultural; hay, pues, una coyuntura entre diferentes niveles de la realidad que llevan una sucesión de elementos que se deben reflexionar, porque definitivamente el tomar la decisión de suicidarse o llevar a cabo una tentativa no tienen que ver solamente con la muerte en sí, sino que son una actitud ante los grupos inmediatos, la sociedad y sus instituciones como la familia, las instituciones educativas, eclesiásticas.
Los jóvenes parten de dos dimensiones con relación al suicidio: por un lado, que éste se lleva a cabo por una serie de situaciones sociales, y entiéndase que debe ser tratado desde el enfoque sociológico, porque no sólo es psicológico, sino todos los actores en su contexto y esto lo llevan a problemas, depresión, baja autoestima o deficiente comunicación y que posteriormente es el producto de un proceso social que lleva a pensar y definir el suicidio; por el otro lado, esos procesos sociales logran llevar a una persona a tomar esa decisión a partir de lo que escucha entre sus pares, ´dónde estaban sus padres? los adultos que debieron ser el soporte y los medios de comunicación, en cuanto a que es una forma de afrontar el mundo, esto es, el entorno en el que se vive.
Las experiencias concretas influyen en la forma de actuar, identidad y formas de observar la realidad. Si lo anterior es correcto, entonces deben crearse instrumentos y mecanismos que ayuden a que los jóvenes puedan afrontar las situaciones sociales de su entorno inmediato (familia, amigos y otros significantes), sin olvidar la parte socioeconómica y cultural.
La situación que vive el estado ecuatoriano frente a la incertidumbre en el sistema educativo, y el MINEDUC como institución educativa parece muy precaria y sin duda afecta la forma de afrontar la realidad cotidiana. Debe ser tratado desde el enfoque sociológico, Dado lo anterior, es interesante señalar por qué estudiar el suicidio desde la teoría de las representaciones sociales (RS) y responder a la pregunta ¿qué razones hacen necesario analizar el conocimiento social acerca del suicidio desde la teoría de las RS y no desde otra perspectiva?, siempre lo hemos enfocado en el aspecto psicológico, pero hay que tratarlo como fenómeno social, porque está involucrada la comunidad, la familia, la institución educativa, los pares de Evelyn Iza Criollo.
Es necesario fomentar el enfoque sociológico en las Unidades Educativas que vayan orientadas a fortalecer los grupos sociales. ¿Dónde estuvo el DECE de la institución educativa? ¿Por qué no implementar la prevención de riesgos sociales educativos? Hay mucho por hacer en el sistema educativo ecuatoriano, pero debemos investigar y conocer la realidad desde el enfoque sociológico, para poder dar respuestas y desde este enfoque facilitar el diálogo sobre el conocimiento en esta era global, lo cual provee un espacio intelectual para el respeto de las peculiaridades culturales. Esto implica para la psicología y la sociología deben considerarse juntas en la salud mental y la social, ya que los estudiantes son parte de una construcción social e histórica y que la prevención y la promoción no pueden centrarse en visiones individuales (atendidas solo por psicólogos ), intrapsíquicas u orgánicas que pretendan solucionar el problema a través del afecto, sino que es preciso profundizar en otros aspectos de carácter histórico, social y cultural para construir una visión mucho más comprensiva y menos sesgada de los complejos procesos que forman el trasfondo del ser y actuar de la juventud ecuatoriana, es deber del Estado ecuatoriano investigar este fenómeno bajo el axioma sociológico.

QUÉ ES LA SOCIOLOGÍA, SU COMPETENCIA Y REALIDAD ECUATORIANA

La sociología es la ciencia que estudia el comportamiento social de las personas, de los grupos y de la organización de las sociedades.
La sociología tiene dos grandes representaciones de tratar los fenómenos sociales. Por una parte, se ocupa de los agregados y entidades sociales. Los sociólogos conocen qué son, cómo funcionan y cómo afectan al comportamiento y al bienestar de las personas en grupo, en comunidades, aglomerados humanos.
La Sociología estudia la familia, la religión, las instituciones educativas, las empresas, las administraciones, la ciencia, etc. Pese a esto en la sociedad ecuatoriana no saben las competencias del profesional de la Sociología.
La sociología también se ocupa de los rasgos que caracterizan a las sociedades, como la desigualdad, los valores y creencias, las manifestaciones culturales, la criminalidad y las migraciones, entre otros muchos, teniendo en cuenta cómo dichos rasgos condicionan la vida de la gente, sin embargo en nuestro país a pesar de la exigencia por la realidad que afrontamos, este profesional social no trabaja en las organizaciones para poder cambiar y transformar la sociedad ecuatoriana, dónde están los sociólogos explicando lo que sucede en la actualidad?.
Esta disciplina trata temas tan diversos como la inserción de los jóvenes en el mercado laboral, los problemas derivados del mayor número de personas mayores, las diferentes trayectorias profesionales de mujeres y hombres, los cambios históricos de las clases sociales, etc. Si es tan importante la función de un sociólogo en las organizaciones. ¿Por qué no están laborando en ellas?
Por otra parte, la sociología se ocupa del comportamiento de las personas en relación con los demás y con el conjunto de situaciones en las que viven. Indaga cómo ocurren sus acciones y qué consecuencias tienen en nuestros modos de vida. En especial, presta atención al impacto que el comportamiento de la gente tiene en la sociedad a través de sus acciones y su participación en los procesos de cambio, creando formas sociales nuevas o transformando las existentes. Algunos tipos de acción de los que se ocupa la sociología son: los movimientos sociales, el comportamiento político, el trabajo, la innovación tecnológica, las relaciones afectivas y las formas de consumo y ocio, por eso en países desarrollados los que dirigen organizaciones educativas y ministerios deben tener en su perfil el estudio de la sociología .
La Sociología como disciplina cubre, por tanto, una gran diversidad de temas, desde el análisis de situaciones muy concretas relacionadas con la interacción entre individuos hasta procesos sociales a escala global. Debido a la variedad y la complejidad de la realidad social, los sociólogos suelen trabajar especializándose en áreas más concretas de la vida social.
A pesar de la diversidad, existe un elemento distintivo común en los campos de especialización que le otorga entidad como disciplina. Es la utilización de la perspectiva sociológica para analizar la realidad social consistente en una forma de indagación sistemática basada en conceptos propios, teorías y técnicas de observación.
Una característica importante de la Sociología es que valora el pensamiento activo y crítico cuando se ocupa de un hecho social. El trabajo sociológico trata de discutir los asuntos de sentido común y las explicaciones populares de la realidad social que no están basadas en evidencias contrastadas. Por tanto, en muchas ocasiones desvela situaciones que cuestionan formas tradicionales de pensar y actuar que suelen darse por sentado, simplemente está inmerso en el comportamiento social. En resumen, nos interesa estudiar las tendencias generales e intentamos buscar las explicaciones y las motivaciones latentes, no evidentes, que subyacen a las distintas manifestaciones sociales.
A través de su perspectiva analítica, de sus teorías y de sus métodos de investigación, la Sociología es una disciplina que expande nuestro entendimiento y percepción de las relaciones sociales humanas, de las culturas y de las instituciones que moldean nuestra vida y el devenir de las sociedades.
Venida a menos en Ecuador, donde los puestos de los Sociólogos siguen ocupándose por Psicólogos o abogados, tenemos la sociedad que queremos, porque no hay un análisis coyuntural de las verdaderas necesidades, y quién lo puede hacer, cuál es el profesional competente?

TU SONRISA: FELICIDAD DE MI ALMA

Tu sonrisa es la más plena y eterna felicidad de mi alma. Mi estrella, mi razón, mi orgullo de ser madre . La luz que guía mis pasos día a día. Esa sonrisa que me enamora a diario no es más que la fuerza motor que me empuja a seguir, a decidir cada día ser feliz . A vencer obstáculos, como mujer, como hija de Dios y como tu madre .
Hija mía , quiero que jamás se borre de tu bello rostro tallado por los mismísimos ángeles esa risa que es la vida misma. Inspiración y aliento, motivación y esperanza para mi vida. Tu sonrisa no es más que mi ilusión materializada en persona, es mi aliento. Un sueño hecho carne y hueso.
Mi amor, luce sin vergüenza ni timidez esa bonita curva que los dioses decidieron que coronen tu cara angelical, no hay nada que me haga feliz que verte a tí, orgullosa estoy de ti, de tus logros, de quien eres tu Pierina Coll Torres. Tu sonrisa es satisfacción y plenitud, es estar conforme con mi labor maternal. Es el reflejo de tu alma, tu esencia , tu, quien Dios puso en mi vientre y te tallo perfecta porque eres hija. MI HIJA !.
Un día como hoy 8 de junio nació mi hija !

Aunque no estes !

Aunque ya no te vean mis ojos,
si bien ya no escuche tu voz,
y aunque no sienta tus abrazos,
habita tu ternura en mi ser,
tu recuerdo vive en mi corazón.
Aunque no entienda la razón
por la que Dios te llevó al cielo,
aunque quisiera emprender contigo el vuelo,
y juntos poder quedar.
Aunque los llantos me visiten a diario,
aunque por ti cambiaría mi vida,
y descorrer el tiempo pretendiera,
Sé que estás aquí…
En el soplo del viento cuando me siento sola,
o cuando de un árbol cae una hoja,
cuando veo una flor hermosa,
cuando una lágrima vuelve a brotar,
en el olor de la lluvia
Sé que estás aquí…
Cuando siento la sensación de que alguien me cuida,
cuando no puedo hallar la salida,
cuando pido conversar,
sé que estás aquí para poderme escuchar.
me ha dolido mucho perderte,
no sé cómo describirlo, no sé cómo expresar,
pero algo pasa dentro de mí,
y es que siento que aún sigues aquí,
y ya no tengo temor a la muerte,
porque sé que esperándome estarás
cuando al final de mis días
un abrazo de nuevo te podré dar.

A los Donjuanes de medio pelo

Todo se llenó de corruptos
Trepadores y falsos quijotes
Políticos sin escrúpulos
Donjuanes de medio pelo
Traga puestos, tragaperras
Traga cargos, traga sueldos
Y en menos que canta un gallo
Nos dejaron medio de la nada
Llorando los ciudadanos
Mi perla llora sus muertos
Las calles y plazas públicas
Los mercados y paseos
Se llenaron de tus lacayos
Robaburros, mata sueños
Tramposos y presos sueltos
Y volvieron los mendigos
Los indigentes , los hambrientos,
Por miles las prostitutas
Con sus chulos al acecho
Ambulantes de la droga
Empresarios en pelotas,
Contribuyentes en cueros,
Los ladrones en la calle,
Los tontos al Ministerio,
Los ministros en Mercedes,
Los electores sin trabajo,
Indultos a terroristas,
Y guardias al cementerio.
Las rosas ya no estaban
Y sus promesas volaron
Vimos irse a nuestros amados
Sin ropaje sin acompañarlos

¿Será suficiente con guardar silencio y murmurar una oración?

Los muertos han recordado nuestra indiferencia.
Los muertos han recordado nuestro silencio.
-Tadeusz Rosewicz-
Es muy dificultoso precisar lo que es una buena muerte, especialmente porque esta definición depende de la compleja interacción entre las necesidades de la persona que está muriendo y las necesidades de sus seres queridos, además de las prohibiciones del sistema sanitario o atención médica.
Por otro lado, en contextos como la que estamos viviendo es muy embarazoso reflexionar sobre cuestiones como una buena muerte o una muerte digna y sin dolor. Ahora no hay sitio a nivel mental, personal y social que nos admitan detenernos en estas cuestiones; eso tocará hacerlo después. Ahora toca luchar con la pérdida a nivel individual y social, y como está ocurriendo: en soledad; en la distancia; en el confinamiento.
Ahora toca luchar con el vacío, la tristeza, la depresión y la confusión que genera la pérdida irrecuperable de un ser querido.
Son muchas las vidas que se han perdido y desgraciadamente esto aún no concluye, pero como individuos y como sociedad nos corresponde enfrentar el dolor por los que se han ido como forma básica de la experiencia humana. Para esto podemos hacer uso de la conversación y la socialización con las personas que tenemos cerca; en nuestra cotidianidad, en nuestro confinamiento desde una mirada humana, humilde, serena y compasiva, de manera que le vayamos hallando un sentido a todo lo que nos ha traído, nos está quitando y nos dejará este virus invisible.
En este instante podemos reflexionar en el valor de cada persona, o más bien a cada uno de nuestros fallecidos, en términos de su humanidad; esto lo podemos hacer admitiendo y reconociendo que las formas que tenemos del ser querido que ha muerto, son parte del autoconcepto que hemos construido sobre nosotros mismos; son parte de nuestra identidad. Nuestro yo se construye y se define en la interacción social con otras personas importantes (, y es por esto que los lazos íntimos son generalizados y complejos.
Les debemos a nuestros muertos reconstruirnos con unas nuevas raíces
Ahora es ineludible reconocer no solo la muerte de un miembro de la familia, sino de todas aquellas relaciones que dejamos de lado o que estigmatizamos como, por ejemplo, la pareja de una relación homosexual, extramarital o personas que mueren del VIH. Simplemente porque nos volvemos jueces de las vidas de otros, estos están solos, estigmatizados por esta brutal sociedad. Ahora ya entendemos lo que es estar solos. Ahora ya sentimos lo que ellos sienten. Tuvo que venir COVI19, para demostrarnos que no somos infalibles.
Ahora logramos conocer, reconocer y llorar en el confinamiento, y públicamente, a todos nuestros seres queridos sin ningún tipo de estigma.
Ahora los fundamentos y los cimientos sobre los que nos tendremos que sostener como individuos y como sociedad tendrán que ser otros. No sabemos muy bien cuáles, pero lo que sí está claro es que no podemos volver a los esquemas de funcionamiento que teníamos.
Cuando el otro muere, la naturaleza de lo individual se vuelve desconsoladamente obvia y el duelo se convierte en un fenómeno social. Esta es una deuda que tenemos para con todos los que se han ido. No será suficiente con seguir adelante, guardar silencio y murmurar una oración pidiendo que simplemente descansen en paz. Les debemos a todos nuestros muertos una reestructuración profunda como sociedad, tenemos una deuda con todas las personas mayores que viven confinadas en sus casas o en residencias. Ahora se están yendo, sin despedirlos, sin decir las últimas palabras. Que tristeza despedir de esta manera a quien hemos amado.
El ser humano no puede ser dejado solo. Necesitamos otras presencias. Precisamos los ruidos suaves de la noche.
Una de las grandes lecciones que nos deja este virus imperceptible es que tenemos que volver a reestructurar nuestros vínculos sociales y colectivos; desde la presencia real y cercana, desde la compasión, la humildad y el respeto.

Frente a la soledad y la perdida

La muerte no diferencia entre razas, nacionalidades, países, fronteras, lugares, contextos sociales y culturas; creencias o estratos sociales. Ha tenido que llegar un virus maldito, no se sabe muy bien de dónde ni por qué, a recordarnos a todos que por mucho que la esperanza de vida haya elevado ampliamente en los últimos años, gracias a los adelantos tecnológicos, y especialmente científicos, la muerte ha sido y continuará siendo un fenómeno esencial a nuestra condición como seres humanos vivos, frágiles, vulnerables y finitos; y es por esta misma situación que nos alcanzara a todos en cualquier momento de nuestra existencia.
Pero, a pesar de que es y seguirá siendo igual a la vida, morir, y fundamentalmente morir solo, simboliza un destino temeroso e indeseable, ya sea por parte del propio difunto o de los asistentes. Además, representa una cuestión ética y moral, ya que deja al descubierto las fallas que asumimos como sociedad en general,
Desgraciadamente surgió un virus que no esperábamos y no predecíamos. Un virus que imaginábamos como algo extraño y separado de nosotros. Un virus que solo se nos mostraba como algo real a través de las películas de ciencia ficción proyectadas en una pantalla de cine o televisión. Llegó un virus y creó un nuevo panorama de dolor y pérdidas humanas. Un virus que transfiguró la invención cinematográfica en una situación cercana e inmediata, de horas, días, semanas y meses. Ahora hemos transformado las películas y las pantallas de cine por datos estadísticos de enfermos, recuperados y fallecidos; datos manifestados y actualizados de forma permanente en nuestros televisores u ordenadores.
Ahora no solo podemos ver las imágenes de calles y ciudades solitarias, sino la tristeza que acompaña a los coches funerarios o los carros militares trasladando cadáveres. Ahora un virus nos ha vuelto a colocar en la inmediatez, pero de otra forma, ya no es la inmediatez de subir los índices económicos, o de luchar, triunfar o comprar; ahora la inmediatez se reduce a las dos grandes asuntos esenciales que nos configuran y estructuran a todos los seres humanos: la lucha entre la vida y la muerte.
Ahora muchos de los principios que hemos edificado cerca de los avances científicos se han agitado, hasta tal punto que la fe ciega en una medicina “todopoderosa” se han desgastado y nos han situado frente a un nuevo paisaje, pintado con el autocuidado “lávate las manos, no socialices con nadie” “ quédate en casa” , el aislamiento, el no contacto, la inmovilidad, el encierro, la incertidumbre y la angustia por todo lo que estamos viviendo y lo que está por venir, y que no sabemos muy bien qué es o cómo será.
Todo lo que estamos viviendo hoy son cuestiones que ni como individuos, y mucho menos como sociedad, sospechábamos que íbamos a tener que enfrentar; pero aquí estamos todos, luchando con un virus maldito. Aquí estamos día a día combatiendo entre la salud y el contagio. Aquí vivimos luchando con la vida y la muerte. Aquí existimos afrontando toda una gama de sensaciones y sentimientos como el miedo, la soledad, la vulnerabilidad y la finitud que sienten todas aquellas personas mayores negadas en sus casas o residencias.
Ahora incluso la persona más sociable del mundo está entendiendo finalmente que la soledad es cosa de todos y que puede llegar a afligirnos de manera palpable, puede lastimarnos incluso de una forma física.
Acostumbrábamos a pensar que las personas que mueren solas sobrellevan alta pobreza o viven en zonas rurales, y nada más apartado de la realidad. Son personas que viven en áreas urbanas atiborradas de gente con apenas lazos familiares o de amistad, y cuya separación en la vida diaria no se ha notado, o en el peor de los casos, son personas desamparadas completamente por sus familiares y por la sociedad en general.
Hago uso de las estadísticas. Por ejemplo, en el año 2017, en Japón murieron solas 4.777 personas, alrededor de un tercio fueron encontradas dos o tres días después de su muerte, mientras que el 10 % fueron descubiertas un mes después de su fallecimiento. En el año 2018, en Reino Unido la soledad se convirtió en un asunto de estado, debido a que 9 millones de personas viven solas, la mitad de ellos son mayores de 75 años. Para poder hacer frente a esta situación, el gobierno creó el Ministerio de la Soledad, que se encarga de costear al día ocho funerales de personas que necesitan de algún tipo de vínculo afectivo, es decir, las entierran sin amigos ni familia.
Podría seguir citando más países con sus respectivas estadísticas, pero no tiene mucho sentido, porque si bien anteriormente, todos estos datos eran importantes, pues reflejaban una realidad social que nos pasaba desapercibida, con el COVID-19 no es así. Las estadísticas nos están tocando a todos con los nombres y los rostros de un padre, una madre, un hermano, un amigo, un hijo, una esposa, un esposo, un vecino, un compañero de trabajo o un conocido; en última instancia nos estamos encontrando con el dolor y la pérdida de un ser humano que nos conmueve en su ausencia, porque mientras haya lazos de parentesco, de relaciones sociales íntimas de amor y amistad, habrá dolor y perdida. Este es el precio y el costo que pagamos por el amor y el compromiso, que hemos construido y adquirido los unos con los otros.
Una de las interrogaciones ante la cual nos coloca el virus con el que estamos luchando y desafiando cada día, y que como individuos y como sociedad ecuatoriana estamos obligados a plantearnos es: ¿cómo vamos a lidiar con el dolor que está dejando y dejará está pandemia?
Porque si bien es cierto e indiscutible que cobrará una gran recesión económica, altos niveles de desempleo y que habremos que afrontar y asumir una fuerte precariedad, material y económica, asimismo es cierto que habremos que lidiar con el dolor de la pérdida de nuestras personas queridas; con quienes no hemos tenido el tiempo y el espacio para poder compartir sus últimos deseos y pensamientos, para poder despedirnos y mucho menos para poder obsequiarles un último adiós con los rituales funerarios correspondientes y propios de cada cultura.